Hoy la estupidez durmió conmigo.
Fornicamos hasta hasta
hartazgo.
Mordí cada centimetro de sus labios
... y me volví
loca en su olor.
Le hice mil preguntas y no respondió a ninguna
y fui más feliz
con eso. Contemplé sus fríos labios.
Descubrí unos largos dientes,
entre esa
mullida sonrisa que devoraban piel con impaciencia,
obligándola a estremecerse
en solitario.
Pensaba en colores estridente bajo los pies ardientes,
pero
puntas calaban en los talones hasta la pelvis,
provocando la caída de la vida sobre la almohada.
Cambie la estupidez por la razón y no encontré nada.
Busque en
mis sueños y me descubrí a solas,
como cuando escuchas a los padres a los
quince y te das la vuelta...
... y se dio la vuela.